

Moraga recurre a un suave hiperrealismo muy detallado que sorprende por su exquisitez, evocando una sensación casi palpable de realidad.
Esta técnica, aunque no busca reproducir la fotografía, logra capturar la esencia de los objetos representados con una fidelidad impresionante, llevando al espectador a cuestionar si lo que observa es realmente una pintura. La maestría con la que el autor equilibra el riguroso enfoque del hiperrealismo con la representación de superficies oxidadas de manera casi abstracta es verdaderamente notable, fusionando dos estilos en apariencia opuestos en una armonía visual fascinante.
En lo que respecta a su obra escultórica, Moraga demuestra una perspicaz creatividad al incorporar materiales de desecho, como maderas y libros viejos, en sus creaciones. La mezcla de estos elementos con chapas y objetos de metal oxidados no solo brinda una segunda vida a estos materiales, sino que también añade profundidad y textura a sus esculturas. Este enfoque no solo es ambientalmente consciente, sino que también proporciona una riqueza conceptual a sus obras, desafiando la percepción tradicional de la escultura y abriendo nuevas posibilidades estéticas.
La obsesión por el óxido en el arte está arraigada en la naturaleza efímera de todas las cosas. Este enfoque refleja la transitoriedad de la vida y la influencia del inexorable paso del tiempo en nuestro entorno físico y emocional. El artista, al elegir el óxido como medio o tema, busca capturar la belleza en la decadencia, en un intento de revelar la profundidad y complejidad de la existencia. A través de esta representación, Moraga nos invita a contemplar la inevitabilidad del cambio y a apreciar la riqueza de la historia y la experiencia que yace en cada superficie corroída.
En última instancia, esta exploración nos exhorta a reflexionar sobre nuestra propia conexión con el ciclo de la vida y a encontrar la belleza en nuestra propia vulnerabilidad y transformación.
Su obra se encuentra dispersa por los cinco continentes en museos y colecciones privadas de Chile, Argentina, Brasil, Francia, Bulgaria, España, Dinamarca, Holanda, Suecia y Canadá, entre otros. Forma parte del fondo de obra de importantes Fundaciones públicas y privadas, como La Fundació Caixa de Sabadell o la Fundació Caixa Laietana, por citar algunas.